Persecución

Al momento en que atropelló al segundo peatón, ya pudo oír las sirenas que desde lo lejos se aproximaban. Aceleró aún más. La amplia avenida se abría delante de él; a sus lados las torres de edificios eran destellos que se sucedían unos a otros. En el retrovisor ya pudo divisar las patrullas que lo perseguían. La siguiente intersección estaba próxima y el semáforo se mantenía en rojo.

El muchacho apretó fuertemente las manos: notó que estaban sudadas. Gritó, esperando que nadie se cruzara.

No tuvo suerte.

El estruendo fue ensordecedor y el carro golpeó de lleno con el autobús. El Lexus rojo estaba deshecho, pero él aunque se encontraba gravemente herido había logrado sobrevivir. Los agentes policiales ya estaban sobre él y empezaron a dispararle. Repasó rápidamente sus opciones: las vías de escape estaban ya cerradas y no habían coches cerca que pudiera secuestrar. “La mierda –se dijo–. No he llegado hasta aquí para morir como un maricón. Cargó su ametralladora y se dispuso a bajar, decidido a matar a todos o a morir en el intento. Abrió la puerta y saltó a la calle.

Antes que pudiera dar el primer disparo la pantalla quedó en negro. “¡Puta madre! –berreó el joven–. ¡Malditos apagones!”. Dejó el control sobre la cama, tomó el libro que había dejado sobre ella y empezó a estudiar.



Bookmark and Share

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s