Divagaciones temporales

Aunque el reloj marcaba las ocho y treinta en realidad eran las ocho solamente. Curiosa la manera en que hemos confiado nuestras vidas a estos aparatos mecánicos inconscientes de sus propios actos. Vemos un reloj y pensamos “Oh, estoy tarde”, sin tomar en consideración que cada reloj es un mundo en sí, y que lo que para uno pueda resultar tarde, para otro no tanto.

Yendo al norte tomé la avenida Quito a la altura del Centro Cívico. A esa hora ya no encontré tráfico, por lo que estuve en casa en unos treinta minutos.

Subí las escaleras y entré a mi cuarto. Casi me desmayo al encontrar a mi hija adolescente desnuda, revolcándose en mi cama con el muchacho ese, Vargas. El susto fue mayor para él: al verme, Vargas saltó de la cama y, como en un acto circense, en lo que habrán sido seis centésimas de segundo, ya se encontraba de pie con la almohada cubriendo sus partes. Por unos pocos segundos nos quedamos todos sin reacción. Sentí cómo mi médula espinal envío la señal inmediata hacia las glándulas suprarrenales; éstas en milésimas segregaron adrenalina al flujo sanguíneo, lo cual hizo que sin pensarlo gritara: “¡¿Qué carajo crees que estás haciendo?!”. Por supuesto que sabía lo que estaban haciendo, pero el sistema nervioso autónomo tiende a ser más primitivo de lo que uno se imagina. Ella se mantuvo impávida y con voz calmada me recriminó: “Se suponía que no volverías hasta las nueve”. Miré el reloj de mi habitación y comprobé la hora. Tuve que darle la razón.


Guayaquil, 14 de noviembre del 2009.

3 pensamientos en “Divagaciones temporales

  1. Jajaja ¡había que darle la razón!

    Muy gracioso, lo que más me gustó fue la última línea, lo malo es que el inicio hace predecible el final. Por otro lado el inicio está bien escrito y es también agradable de leer, lo cual me pone en una encrucijada, no quiero decir “elimina el inicio” pero de pronto se lo reescribe, aunque por otro lado hablar del tiempo y los relojes es parte integral del cuento.

    ¡Ya sé! es “Eso lo descubrí más tarde.” la línea que me hace sentir que es predecible, sin esa línea, en mi opinión, el cuento está perfecto.

    Buenas ideas como siempre Welip, sigue así.

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